—Cuarenta y ocho horas,—respondió secamente el interpelado.
—Me parece mucho,—gruñeron los otros dos jueces.
—¿No me concedéis siquiera una semana?
—Vaya la semana—dijo el atildado,—pues días más ó menos, poco suponen en la eternidad del martirio subsiguiente. Durante esa semana, no existen los suegros ni los cuñados; tu nueva familia es un coro de ángeles que no cesa de cantar tus alabanzas. No hay hombre como tú, ni más amable, ni más ingenioso, ni más bello, ni más digno de ser adorado; y esto, que te lo dice tu mujer á solas entre explosiones de amor, te lo repiten en la casa hasta el gato y el perro, adivinando tus deseos y hartándote de preferencias y mimos. Como no has de vivir con tus suegros eternamente, en estos primeros días empezarás á tratar, si no de separarte, de cuando te separes; y ten por seguro que por diferencias sobre calle, ó piso, ó colores de las tapicerías, ha de asomar la oreja la primera nubecilla en el arrebolado horizonte de tu felicidad.
—Eso suponiendo—añadió el usurero,—que en los pormenores de la dote no haya habido serios altercados.
—Ó que la recién casada—expuso el celoso,—no deje, en la vecindad que abandona, su primer amor.
—Todo es posible—continuó el pulcro;—pero hemos de prescindir de lo eventual y contingente, que no tiene medida, para fijarnos sólo en lo rigorosamente lógico; en lo necesario, en lo infalible. Con esto nos sobra para ganar el pleito. Y prosigo. He supuesto que pasabas la primera semana con la familia de tu mujer, por elegir un motivo, entre los cien mil que existen, para el primer desacuerdo. De todas maneras, en tu casa ó en la ajena, al acabarse esos días, las intimidades matrimoniales han llegado á su grado máximo, y comienzan á caer en desuso ciertas contemplaciones de pura galantería, hasta allí guardadas entre los cónyuges. Nada más natural entonces que la elección de un criado, ó la compra de un mueble, ó la distribución de las horas del día, ú otra pequeñez cualquiera, produzca en tu mujer un serio enojo y en tí un disgusto. Los de esta índole son los que traen á las casas las intervenciones extranjeras, aunque con ramo de oliva; pues la esposa, poco acostumbrada todavía á sufrir contrariedades, necesita murmurar con alguien de las rarezas de su marido, y murmura con su madre, si la tiene, y si no, con sus amigas. Oirás de éstas ó de aquélla tal cual disertación sobre el tema de la tolerancia que deben tener los caballeros con las señoras; verás que en estos conflictos internacionales jamás se te da á tí la razón; te llevarán los demonios cuando consideres que cosas tan fútiles y remediables en casa, son ya del dominio público, y en centuplicado tamaño, por la insensatez de tu mujer; que están tu reposo y la paz de tu casa á merced de la menor divergencia de pareceres entre vosotros dos, y sobre todo, cuando veas que tu esposa se va mostrando tan dispuesta á desechar los tuyos más sensatos, como á aceptar los ajenos más absurdos.
Pasó, pues, el período breve del éxtasis amoroso, y estás de patitas en el primero del martirio. Comparando lo que eres con lo que fuiste poco antes, y temiendo avanzar en el horrible é interminable sendero en que te hallas colocado, haces heróicos esfuerzos en favor de la paz doméstica; te acusas aun de faltas que no has cometido; disculpas todos los resabios de tu mujer, y corriges hasta los más inofensivos de tu carácter. Todavía, y mediante este sistema, disfrutas, de vez en cuando, los breves momentos de placer que dan de sí las reconciliaciones vehementes; y quizá insistiendo en el procedimiento adoptado, y sin más mujeres en el mundo que la tuya, llegaras al fin de la carrera, no sin cruz, pero sin espinas. Mas, en esto, asoman los primeros barruntos de sucesión; y á los tiquis-miquis de todos los días, tienes que añadir las impertinencias propias del estado.
El olor del tabaco la ofende, y no puedes fumar delante de ella; si por no dejar de verla fumas lejos de su presencia, cuando te acercas huele que has fumado, y te rechaza; por evitar este inconveniente dejas de fumar; pero has salido á la calle, has ido al café, has estado, en fin, donde se fuma, y tu ropa huele á tabaco, razón por la cual tampoco puedes aproximarte á su gabinete. Te resignas á no salir de casa por no ahumarte; pero si usas esencias, le repugnan, y si no las usas, hueles á hombre: tampoco entras así.
Entre tanto, la casa está patas arriba, y tu autoridad como la casa, porque la señora come á horas intempestivas las cosas más extravagantes, y tiene ascos y náuseas, y todo lo escupe.—Cuando concluye este período, que es muy largo, empieza otro mucho más divertido: el período de la pesadez, del bamboleo, del malestar, del paseo nocturno entre calles, colgada de tu brazo; del abultamiento de los labios y de las manchas en la cara; de los pies hinchados; el prólogo, en fin, de la nueva y más tremenda etapa, durante la cual no dormirás sueño tranquilo, ni comerás cosa en sazón, ni te pondrás camisa bien planchada; pues todo lo que es orden, paz y sosiego, lo extermina, lo barre la gran catástrofe: con sus preparativos, antes, y hasta mucho después, con su cortejo de horrores y hediondeces. Antes, el hatillo, y la cuna, y los tanteos y probaduras de nodriza, y la novena á San Ramón, y los falsos síntomas siempre á media noche, ó á otras horas tan intempestivas. Después, los jipidos, y la casa á obscuras y en silencio, y el aire corrompido, y el andar en ella todos de puntillas, y el comadrón, y la nodriza, y los pañales, y los recados á la puerta, y la obligación de contestarlos, y la colineta para el cura, y los padrinos, y la comitiva del bautizo, y tú presidiéndola, y los chicos de la calle cantando el ¡pelón!... y hasta el consonante, que es harto más grave, pues no faltará quien te le aplique, aunque la copla se refiera al padrino; y luego las enhorabuenas, y el refresco... ¡y el demonio desencadenado en tu casa!—Después, la cuarentena, y los retortijones de barriga en la criatura, y los vagidos consiguientes, y el cólico de la pasiega, y el riesgo de buscar otra, y las cuentas á puñados, y el dinero tras ellas á carretadas... Por último, el restablecimiento...