ÚLTIMA JORNADA
I
SALDO DE CUENTAS ATRASADAS
Por más que de algunos seres privilegiados se diga que por ellos no pasan los años, los años pasan, sin que haya afeite ni fuerza de voluntad que alcancen á borrar sus huellas. Ó el cuerpo ó el alma han de gemir bajo su peso, si es que no gimen á la vez el uno y la otra. Ocioso es que la materia, oronda y esponjada todavía, aspire á los solaces de otros tiempos, si el espíritu que ha de estimularla está seco y abatido; tan ocioso como que éste, retozón y bullanguero, pretenda los deleites de la juventud si está preso y encogido en un cuerpo caduco y achacoso.
Fuerte era el de Gedeón, y bien nutrido; holgado estaba y hecho á mimos y regalos; defendióse contra el tiempo como gato uñas arriba; pero lloviéronle pesadumbres; abatiósele el espíritu, y cayó vencida su materia mal cebada, como tronco roído por gusanos.
Aquél á quien vimos hecho una furia, combatido por tantas contrariedades en un solo día, está diez años después arrastrándose, más bien que caminando, en el último tramo de la senda que le lleva á las puertas de la eternidad.
Los achaques le invaden por todas partes; lo que antes fué reúma tolerable y catarro frecuente, es ya gota declarada y asma legítima; gasta franelas en las piernas y en el pecho, y zapatones de paño en los hinchados pies; los cambios atmosféricos le crucifican; por la noche la tos le roba el sueño; y cada vez que tose parécele que la gota le cose á puñaladas. Tiene mucha barriga, ancho pescuezo, grandes ojeras, y la mirada triste, más que triste, angustiosa y desconsolada.