—¡Yo no tengo líos, ni los he tenido nunca!
—¡Oiga! Parece que te amoscas...
—Y me amosco con razón.
—Pues ya que tan por lo alto lo tomas, sábete que lo que entonces sospechaba yo por ciertos indicios, se hizo público años después por boca de tu ilustre padre político.
—¡Falso!
—Hijo te llamaba él en calles y plazuelas... Todo el barrio lo sabe.
—¡Mientes!
—¡Gedeón!...
—Y no te rompo la crisma, porque necesito el bastón para sostenerme de pie...
—Eso te salva de que no casque yo el mío encima de tus costillas, ¡grosero!