—¿Cuántas veces me ha llamado usted?
—Más de mil.
—No han llegado á tres.
—Tanto me da.
—Pero no es lo mismo.
—¡No me repliques!
—Cuando se dice lo que no es...
—¿Te rebelas?
—Me disculpo como debo.
—Tu deber es complacerme, y nada más.
—¿Cuántas veces me ha llamado usted?
—Más de mil.
—No han llegado á tres.
—Tanto me da.
—Pero no es lo mismo.
—¡No me repliques!
—Cuando se dice lo que no es...
—¿Te rebelas?
—Me disculpo como debo.
—Tu deber es complacerme, y nada más.