—Eso he hecho siempre.

—¡Pero no lo haces ya!

—¡Así paga el diablo á quien mejor le sirve!

—¡Regla... no me provoques!

—Si usted no me maltratara...

—Yo no maltrato á nadie. Yo no hago más que padecer y pudrirme, y acabarme aquí, solo y abandonado.

—¿Para qué me llamaba usted, señor?

—Para que me traigas los chirimbolos.

Sale Regla; y mientras vuelve, Gedeón se desciñe la bata, dejando al descubierto sus piernas liadas y reliadas en lienzos y franelas, desde la punta del pie hasta medio muslo.

Aparece Regla de nuevo en el gabinete con media docena de frascos en una bandeja, y con enormes rollos de vendajes limpios debajo del brazo.