—Gracias á eso no los tomo yo muy á pechos.

—Vamos á ver, y ¿qué harías si á pechos los tomaras?

—Ya puede usted presumirlo.

—¿Es decir que serías capaz de abandonarme?...

—Póngase usted en mi caso.

—¡Ingrata! No correría yo tales riesgos si me hubiera casado á tiempo.

—¿Tan mal le ha ido á usted conmigo?

—¿Y de qué me serviría cuanto por mí has hecho, si en lo más apurado de la vida me abandonabas? ¡Las mujeres propias no hacen eso, Regla!

—También tienen otros privilegios que no tengo yo... y otro porvenir...

—Ya pareció aquello. ¿Temes que te falte el pan algún día?