Antes de salir Gedeón de su gabinete, levanta con el regatón de su cachava la manta, bajo la cual dormita y ronca Adonis. El achacoso ratonero abre los ojos; y sin mover la cabeza, vuélvelos á su amo, como si quisiera darle las gracias por su cortesía, ó decirle: «¡Buen par de alhajas estamos!»

Gedeón le contempla un instante, vuelve á cubrirle con el bastón; y, bien apoyado en él, sale renqueando hacia la escalera, murmurando para sus envolturas:

—No sé quién de los dos largará primero la pelleja; pero el diablo me lleve si no estoy yo en el mundo tan de sobra como tú. ¡Tan llorada ha de ser tu muerte como la mía!


VI

LA TIENDA DE LA ESQUINA

Regéntala, como dueño de ella, un buen hombre que jamás se enfada ni se apresura.