Y así hasta el infinito.
Alguna vez, muy rara, hay en la tienda lo que pide el comprador; pero precisamente en tales casos se halla el tendero entretenido en oir lo que cuentan ó discuten sus tertulianos; y por no perder una sílaba del relato ó de la disputa,
—¡No tengo!—responde con desabrimiento y sin volver la cara.
Por eso digo yo que no sé cómo vive este buen hombre, que sólo vive de lo que vende.
En esta tienda hay tertulia al mediodía y después del paseo por la tarde; en verano, hasta que cierra la noche, y en invierno, hasta que se cierra la tienda.
Una banqueta derrengada, dos banquillos de cabretón y una silla achacosa, sirven para sentarse los tertulianos entre los dos huecos de la fachada.
Componen la tertulia, comúnmente:
Un señor pequeñito, septuagenario ya, pero muy conservado, limpio y risueño. Guarda, como una reliquia que piensa legar á sus herederos, si el Estado no solicita la preferencia, el Diario de su larga vida, comenzando en el instante mismo en que supo escribir de corrido. Todos los años, al solemnizar él el cumplimiento de uno más, reúne en su mesa las cuatro generaciones que de él arrancan, y por remate del banquete les lee de punta á cabo el curioso mamotreto.
En concepto del autor, hay en sus folios grandes enseñanzas para todas las edades de la vida. Allí constan los sudores del entonces impúber, para aprender de memoria el «peritus, sabio, juris,» bajo la férula sangrienta de un dómine inhumano; allí los seis maravedís que le daba su padre cada domingo, si durante la semana anterior no había habido azotina en el aula; allí los dos reales y medio que le asignaron de jornal, después de tres años de méritos, en la casa de comercio en que se colocó y pasó cuarenta años de su vida, sin haber rebasado jamás de veinticuatro reales cada día laborable; allí los zapatos que le compraban, y si eran de lienzo ó de vaqueta; allí los vestidos que estrenaba, y el día en que por primera vez se puso calzoncillos; allí el efecto que causaba y la revolución que producía en el pueblo cada moda nueva; allí, entre mil prolijidades de su vida social y privada, los fríos notables, las nevadas de más duración, las lluvias más copiosas, la legión inglesa, la biografía de Bonnet; y si su amigo Pedro se casó, y con quién, y con qué dote; si falleció el notable señor don Pedro, y cuántos curas asistieron á sus funerales, y hasta la lista nominal de los particulares que le acompañaron al cementerio.
Con este cronicón en la memoria y esparcido por ella otro tanto más, excuso decir cuál es el papel que desempeña este apreciable sujeto en la tertulia. Fechas dudosas, casos análogos, estadística antigua... Sobretodo esto y mucho más que salte en la conversación, se abalanza para resolverlo, comentarlo y diluirlo.