—Sospecho que sí.

—Pero no pasaron de indicios, ni pasar pude yo de la incertidumbre en que me sumieron, ni adquirir me fué dado una prueba que me autorizara para quejarme, ó me extirpara los recelos. Así corrieron los años; crecieron los vínculos con ellos... ¡crecieron, Doctor!... que á tales demencias arrastra el amor propio resentido... y así he llegado hasta hoy: ella reclamando lo que en conciencia dice que la debo, é invocando testimonios que yo no quiero ver, ni jamás he visto ni veré; y yo aborreciéndola más cada día y alejándome cuanto me es posible de ese padrón de ignominia, infierno de mi existencia, testigo de mis debilidades y torpezas. Hoy ha venido á robarme mi único bien, el sueño, para amenazarme con publicarlo todo si continúo resistiéndome á sus exigencias... En eso estaba cuando usted entró.

—Graves son, en efecto, las razones de esa mujer—dice el Doctor después de permanecer unos instantes silencioso.—Pero, ¿y la otra? ¿por qué se quejaba de usted?

—¿La otra?—responde Gedeón muy contrariado.—La otra... Ya sabe usted lo que son amas de llaves muy antiguas en las casas... Resabios del oficio... La costumbre de mandar en todo...

—¡Ya!—replica el médico sonriéndose, acaso sin malicia.

—Y ahora que está usted impuesto de todo, Doctor amigo; ahora que de mis labios ha oído usted lo que á nadie en el mundo he confesado; ahora que conoce usted el infierno en que me abraso, no me niegue usted su auxilio para salir de él, si salir puedo, ó para tomar una postura compatible con el descanso.

—Ante todo, amigo don Gedeón, ¿qué opina sobre el caso su conciencia de usted?

—Mi conciencia, Doctor... mi conciencia no sabe á qué atenerse. En ocasiones concede derecho á esa mujer para quejarse; otras veces se le niega, puesto que sin violencia aceptó la situación en que se puso.

—Y sobre los vínculos posteriores á esa primera situación, ¿cómo piensa?

—Piensa cuando se fija en los indicios aquéllos, que yo tengo perfecto derecho para romper esos vínculos; y cuando no, que éstos son un castigo palpable de mi insensatez.