—Algo es eso.

—Pero estoy á obscuras para volver á hallarle.

—No importa, si queda fuego con qué hacer luz.

—Chispas entre cenizas, Doctor; nada más.

—¿Está usted seguro de ello?... Examínese usted bien.

—Seguro estoy.

—Pues con esas chispas se puede producir un incendio. ¡Ay de la fe cuyas cenizas se enfriaron! Reúna usted esas chispas; agréguelas usted combustibles, y la luz se hará y verá usted la puerta. Cuando usted la vea, llame.

—¿Y después?

—Después... no necesitará usted preguntarme á mí qué debe hacer en el conflicto que me ha confiado, ni cómo se lucha y se vence contra las miserias del mundo: la conciencia, iluminada por la religión, le dirá á usted todas esas cosas y otras muchas.

—¿Lo cree usted como me lo dice, Doctor?