VIII
LOS PARIENTES DE GEDEÓN
Los pronósticos del médico se cumplen en todas sus partes. El enfermo sale de las apreturas en que le hemos visto; y á medida que va adquiriendo fuerzas y esperanzas, va dejando, no ya «para mañana,» sino «para otra ocasión,» el proyecto de llamar á la puerta consabida.
Ya puede gritar y revolverse, y hasta sacudir un bastonazo á la atrevida que le provocase al alcance de su brazo. ¿Para qué necesita apelar á ciertos extremos alarmantes? Hasta se arrepiente de haber sido tan explícito con el Doctor. Tal es la condición humana, aun sin tratarse de egoístas como Gedeón. Las muletas que suplen el miembro entumecido, se arrojan al fuego tan pronto como aquél recobra sus fuerzas y movimiento.
Al cabo de los días, el convaleciente se encuentra en aptitud de salir á la calle á tomar el sol. Ya tiene el sombrero puesto, y se afirma en su cachava para mover sus pies entrapajados y embutidos en sendos zapatones de paño, cuando Regla le anuncia la visita de un caballero y de una señora.
Tratándose de un hombre cualquiera, un anuncio semejante y en semejante ocasión, nunca se recibe sin contestar con mal gesto: «No estoy en casa; que vuelvan otro día.»
Mas para Gedeón, que no se trata con nadie, fuera de las personas que conocemos, el anuncio de una visita es un acontecimiento extraordinario que excita en gran manera su curiosidad; y así, movido de ella,