Ábrela sin tardanza. Está fechada en Taconucos, pueblo de aquella provincia, y no lejano, y dice así:
«Muy respetable señor: Sé que los Gazapines de Cascaruca han ido ha ofrecerle á usted sus respetos, bajo pretexto de que son sus parientes cercanos. No los crea usted, y sírvale de gobierno que acostumbraban á hacer lo mismo con todos los pudientes de la provincia que están á pique de morir sin herederos forzosos. Dichos Gazapines son gente de mucha bambolla y de poco trigo; y en cuanto al vástago de que le habrán hablado á usted, es un perdido que ya ha estado seis veces en la cárcel.
»En punto á parentesco, yo no sé que tenga usted en este lado de la provincia, otros que con mi familia, por parte de los Lupianes, que casaron con los Lupinos, provenientes en línea recta de los Loberas primitivos, y por eso el quinto apellido de su señor bisabuelo paterno es Lupián, igual al tercero de mi señora madre (que en paz descanse), como puede verse en nuestras ejecutorias; por lo cual en las armas de esta casa hay, entre otros animales dañinos, un lobato que también debe de hallarse en las de usted.
»No saco á plaza esto del parentesco por llamarme, como el otro que dice, á la parte en cosa alguna de usted, ni hacer méritos de ninguna clase; sino para que se vea la diferencia que va de parientes á parientes, ó séase de los Lupianes de Taconucos á los Gazapines de Cascaruca.
»Por lo demás, testigo es el arrendador de su hacienda en este pueblo, de lo que yo respondí al darme él la noticia de que se hallaba usted á las puertas de la muerte, y sin un sér de su propia sangre á su lado á quien dejar sus caudales opulentos.—«Pobre soy (esto dije); cargado de familia y de necesidades me hallo; pero así me iré á la sepultura antes que darle á sospechar que le visito con miras interesadas. Si él quiere acordarse de mí, aquí estoy dispuesto á servirle en cuanto yo pueda, y agradecerle los beneficios que tenga á bien dispensarme.»
»Tal dije entonces y tal repito ahora, aprovechando tan favorable oportunidad.
»Y pues ya lo sabe usted, vea en qué puedo serle útil, y mande con franqueza á éste su atento servidor y pariente cercano,
Lupercio Lupián de la Lobera.»
—Todo esto que hoy me sucede con mis parientes—piensa Gedeón en cuanto acaba de leer la carta,—me haría muchísima gracia si no lo viera yo más que por la superficie; pero es el caso que tiene un fondo endemoniado. Por lo visto, huelo ya á carne muerta, y éstos mis parientes vienen á ser los buitres que revolotean á mi lado esperando el regodeo que van á darse. Éste es el hecho innegable.
En cuanto á los comentarios que pudiera hacer sobre él un hombre como yo, que en su juventud no se casó por no verse en el riesgo de que sus hijos y su esposa desearan heredarle... vale más no hacerlos. ¡Qué gran libro es la vejez! ¡Lástima que el hombre tenga que morirse cuando empieza á leerle con provecho!