Terminada la ceremonia, el enfermo ruega al Doctor que se acerque á él. Su rostro tiene la palidez del lirio, su vista una fijeza imponente.

—Me muero, Doctor—le dice con voz lenta y apagada.—La poca vida que tenía la he gastado en el cumplimiento de estos últimos deberes...

El Doctor le pulsa, le observa, y llama con una seña al sacerdote para que se aproxime. El médico del cuerpo no tiene nada que hacer allí ya.

El del alma le administra el último Sacramento, y de nuevo le bendice y le consuela.

—Acercaos todos—dice luégo el moribundo,—ya que Dios ha permitido que yo no muera solo y desesperado, y recoged mi último pensamiento... fruto sazonado de mis desengaños... ¡Qué patentes los ven ahora mis ojos... á la luz de la Verdad... que alumbra el tránsito de mi espíritu!... Pasé lo mejor de la existencia huyendo de los soñados males del matrimonio... y muero abrumado... por cuantas pesadumbres caben... en la peor de las familias... sin haber gustado una sola de las ventajas... de la vida conyugal... ¡Castigo justo de mi egoísmo grosero!... Locura es digna de la soberbia humana... buscar un camino sin cruz... en el Calvario de la vida... Elegir la de Cristo... para que pese menos... es lo cuerdo y lo acertado... Yo tomé la de Barrabás... y quebrantóme su peso... No está la dicha en eludir la ley, sino en el bien que reporta el trabajo... de cumplir con sus preceptos... Por huir de ellos, me alejé de Dios y de los hombres... y merecí, como otros muchos insensatos, hundirme en las sombras de la muerte... como el ave triste de los páramos... entre el frío de la soledad... y sin huellas de mi paso por el mundo.

Por la bondad de Dios... le hallé á usted en mi camino, Doctor... Á usted debo la dicha de espirar... reconciliado con los hombres... fortalecido con la fe, y alentado por la esperanza... ¡Cuántos desgraciados le deberán... el mismo beneficio!... ¡Admirable destino!... Consolar al triste... redimir al esclavo... Para usted... toda la gratitud... de mi corazón... Mi alma inmortal... ¡Dios mío!... tuya es... y te la entrego... si no limpia... de culpa, lavada... en el arrepentimiento... ¡Ampárela... tu infinita... misericordia!...

Dice, besa un Crucifijo, y espira.