Y así se le va pasando lo mejor de aquel tiempo, que él tenía á sabrosos empeños destinado, como hacienda que se echa á los perros.
¡Qué empresas ha de acometer con bríos ni con gusto, si los unos y el otro se le gastan y corrompen entre las inesperadas miserias de su vida doméstica?
Asómbrase de que tan mezquinas causas le produzcan tan desastrosos efectos; no acierta á explicarse cómo ese poco de roña puede entorpecer todos los ejes de la máquina de sus ideas; y con el ansia febril de conjurar el cúmulo de casualidades que le persigue, para llegar alguna vez á establecerse á su gusto, medita, calcula, y todo lo supone menos que puede ser él uno de los infinitos hombres de quienes dijo La Bruyère que emplean la mayor parte de la vida en hacer miserable el resto de ella.
IV
EL DEMONIO CONSEJERO
Aspirando con ansia bocanadas de aire, cual si con ellas quisiera aventar sus pesadumbres, y caminando á largos pasos, encuéntrase en una de estas ocasiones con su camarada, aquel acicalado solterón de quien tanto hemos hablado, y á quien no ha visto mucho tiempo hace; y como si Gedeón llevara letreros en la cara, que revelasen las desazones de su espíritu,