—Esa es la verdad... ¡y gracias si tengo, en un apuro, esos huesos que roer!
—¡Tú á huesos, Gedeón?
—Fíjate en mis circunstancias de hoy, en mis disgustos...
—¡Tú á huesos, con la carne que hay por el mundo, y las ventajas que tienes para aspirar á la más delicada!
—Hombre, no te diré que esté eso fuera de mis propósitos; pero tampoco he de ocultarte que no fío mucho en mi destreza de cazador; porque después que llega uno á cierta edad, fatigan mucho las cuestas arriba: parece que cada día que pasa es un año de otros tiempos, y la picara razón se hace una charlatana inaguantable. Dice unas cosas tan á punto y tan bien dichas, que no hay modo de que la fantasía meta su cuchara en la conversación.
—Es decir que te vas haciendo filósofo.
—No; pero sospecho que me voy haciendo viejo.
—De todos modos, rindes las armas.
—Tampoco; las cuelgo, mientras estudio el campo y me establezco á mi gusto en él.
—Por lo visto, esa es tu manía.