Dicho esto, se oye un pisar menudito y fuerte, y un zumbido sibilante, como de mujer que se marcha renegando; y, acto continuo, vuelve á oirse la voz del hombre de la sala, que grita:
—¡Ruiz!... ¡Ruiz!
—¡Presente, mi capitán!—responde desde el pasadizo otra voz de hombre, cuyos pasos, acompañados también de ruido de espuelas y de sable, indican que acude al llamamiento.
—¿Y el maletín? ¿Y el galápago? ¿Y las bridas?
—Ahí quedan, mi capitán.
—Traételos.
Un instante después, vuelve á decir el llamado Ruiz:
—Aquí está el maletín.
—¿Y lo demás?
—¿Lo demás, mi capitán?...