—¡Lo demás, sí!

—Pues lo demás, con permiso... digo que se quedará aquí afuera...

—¡Gaznápiro! ¿Te lo he mandado sacar de la cuadra para que lo dejes en la cocina?

—No, señor; pero ¿dónde lo pongo si no?

—Ahí, en el arzón trasero de la cama. Ya sabes que yo nunca duermo lejos de las monturas.

—Pero hay casos, mi capitán... digo, con permiso... ¡Como están los bastos tan sudaos... y es tan blanco ese bullarengue que cae por encima!...

—¿Á que te rompo la grupa de un puntapié?...

—Es que, mi capitán, como he conocío el genio de la patrona por lo que rezaba cuando salío de aquí... Vamos, temí que... Y por eso advertí á mi capitán...

—Pues precisamente estoy yo deseando dar unas vueltas de picadero á esa jaca bravía... ¡Conque figúrate tú!

—Siempre á la orden, mi capitán.