Y por el ruido que sigue á esta despedida, conoce Gedeón que la montura del cuadrúpedo del capitán pasa, conducida por Ruiz, á colocarse en la cama de respeto de la sala de recreo de los huéspedes de doña Ambrosia.

Jamás se vió una embustera desmentida más pronto ni más al caso.

Gedeón (que nunca puso en duda que su pupilera admitía cuanto se le presentaba) no sabe si sentir ó celebrar el lance. Lo siente por el riesgo que corren, y pueden correr en adelante, su comodidad y su reposo; pero se alegra por lo que tiene de respuesta á la indirecta cuartelera que le echó la rígida doña Ambrosia, si es que á él iba enderezada, como lo va sospechando.

Entre tanto, el capitán no cesa de llamar á Ruiz, ni Ruiz cesa de pasar y repasar el pasadizo; hasta que, acostado el primero y marchándose el segundo á zagalear las bestias y á dormir á su lado, reina el sosiego en la casa y ronca Gedeón.


VII

VARIAS CATÁSTROFES