—Ya usted me comprende.
—Pues no comprendo una palabra.
—¿Qué me había hecho usted cuando la señora Braulia me difamaba?
—Absolutamente nada, Solita; absolutamente nada... y bien á mi pesar, créalo usted.
—Gracias por la intención... Pues eso mismo me ha hecho usted ahora; y, sin embargo, la señora me ha dicho... bastante más que la otra.
—¿De mí?
—Y de mí: de los dos.
—¡Ah, grosera, incivil y menguada!
—¡También usted!
—Me refiero á la pupilera, hija mía. ¡Yo denostar á quien es la cultura, la suavidad y la...!