—¡Eso hubiera usted hecho de ella, á no ser yo quien soy, y á no velar, como velo, por la buena moral!

—Que lo digan los de la sala.

—¡Yo no puedo preverlo todo!

—Pero debía usted no engañar á nadie, como me ha engañado á mí.

—¡Cómo!...

—Negándome que aquí se admite al primero que llega.

—¡Y lo niego todavía! ¡Y sostengo que ésta no es casa de huéspedes!

—En eso no miente usted, porque es cosa algo peor.

—¡Caballero!

—Porque lo soy me marcho... Ahí va lo que debo, y en paz.