—Cuando usted guste.

—Ahora mismo.

—Naturalmente. Como se largó ella...

—¡Señora!...

—Bernabé y la ciega... No podía ser otra cosa... Estaban ustedes de acuerdo.

Aquí Gedeón, temiendo dar un escándalo semejante al que acaba de presenciar, entre echar el telón abajo como dirían los de la sala, ó por el balcón á la pupilera, opta por lo primero, como lo más prudente, y manda entrar á las dos acémilas para que carguen con su equipaje.


VIII