—¡Dislates Balzac!
—Precisamente han sido los grandes hombres quienes han dicho los mayores desatinos.
—¡Doctor!...
—No se fije usted en mi pequeñez para desautorizar el aserto. Otro grande hombre, más viejo que Balzac, y aun de más talla, Cicerón, lo ha dicho: Nihil tan absurdum quod...
—Perdone usted, Doctor; estoy algo flojillo en esa lengua.
—Pues quiere decir, en romance, que no hay absurdo corriente, por enorme que sea, que no proceda de algún filósofo.
—Pues con la venia de Cicerón, ya que quiere usted que no acepte yo sus palabras como un dicho más, paréceme á mí que tratándose de hechos como los que analizan esos grandes pensadores, no tiene mucho valor ese dictamen.
—¿Á qué hechos se refiere usted?
—Al matrimonio, por ejemplo.
—¿Y le analiza alguno de ellos?