—Lo que usted quiera: el caso es que al lado de su ídolo de usted, soy un niño de teta en punto á preocupaciones rancias.
—De modo que si tomamos los dichos al pie de la letra... Pero Balzac diría eso en broma, ó cuando ya chocheaba.
—Ni lo uno ni lo otro. Díjolo, muy serio, dedicando á su amigo Carlos Nodier, famoso escritor, una de sus mejores novelas, cuyo título es Un ménage de garçon. Al frente de ella puede usted verlo cuando guste; y de paso, léala usted, pues es la refutación más elocuente que existe de la Fisiología del matrimonio, y de las Pequeñas miserias de la vida conyugal; sin contar con que el autor de La Comedia humana acabó por casarse también, como el más simple mortal.
—¿Y cómo se ajustan esas medidas?
—Eso pregúnteselo usted á Balzac y á cuantos han tenido la debilidad, en alguna época de su vida, de sacrificar á la tentación de decir un chiste, el buen sentido y las eternas leyes de la moral y de la justicia.
Dicho esto, sale el Doctor de la estancia, y quédase en ella Gedeón, en la situación de ánimo que puede suponer el pío lector que ya le conoce; es decir, creyendo que no se le da una higa por todo lo que el médico le ha predicado, y al mismo tiempo deseando que le predique más.
Verdad es que el Doctor le ha parecido tan cariñoso como discreto.