—Nada se ha descubierto en ese punto todavía; pero en el otro, Gedeón, ¡si vieras qué caras me ponen estos vecinos cuando los hallo en la escalera! ¡Si vieras qué vestidos me cortan! ¡Si vieras cómo anda en sus bocas mi honra... y la tuya!
—¡La mía!
—¿Piensas que no te han visto entrar y salir?
—Pero como no me conocen...
—¿Y eso te tranquiliza?
—De todas maneras, este inconveniente tiene facilísimo remedio.
—¿Cuál es?
—Mudarte de casa y de barrio.
—¡Conque ese remedio es el único que se te ocurre para salvar nuestra situación!
—La tuya, Solita, que la mía sin cuidado me tiene.