—¿Quién es ese?
Á lo que contestó María con mucha serenidad:
—Pues uno de aquí, que me conoce.
Y no se habló más del caso. Pero andando monte arriba, quedóse Ana muy roncera, hasta arrimarse á María, que iba detrás de todos; y mientras Pablo trepaba á largos pasos y le seguían jadeando las dos mozas, con las cestas sobre la cabeza, dijo aquélla á su amiga:
—¿Tiene algo que ver... ese que te conoce con el abismo de que hablábamos tú y yo en cierta ocasión?
—¿Por qué me lo preguntas?—preguntó, á su vez, María.
—Porque lo sospecho. ¿Quién es?
—Hijo de don Rodrigo Calderetas.
—Pues cata el abismo, y no me digas más.
—¿Abismo te parece á tí también, Ana?