—¡Bah! Cosas de tu padre.
—Pero ¿qué piensas tú del caso?
—Que le dejes de mi cuenta.
—¡Mira que está muy obscuro!
—Yo le sacaré á la luz.
—¿Con qué, Ana?
—Con otro caso menos difícil. Verás cómo se enredan los dos; y hasta puede llegar el tuyo á ser causa de grandes bienes para todos.
—¿Qué caso es ese?
—Delante de los ojos le has tenido y no le has visto. Pero, en fin, ya te lo explicaré cuando deba. Ahora, chitón, que nos esperan Pablo y las muchachas allá arriba.
Acabaron de subir la cuesta; descansaron todos un rato en la loma; y sin otros sucesos que dignos de narrar sean, llegaron media hora después á Cumbrales, sanos y contentos, cada cual á su modo, aunque un tanto despeadas y correosas las fámulas, y algo polvorientas y rendidas, pero muy guapas, las señoras.