XIX

RETAZOS

En esto, don Rodrigo Calderetas escribió una carta á don Juan de Prezanes, en la cual carta decía, entre otras cosas, la gran persona:

«Menester será que redoble usted la vigilancia y active los trabajos en ese terreno, porque no hay momento que perder. El Barón no sosiega un punto y revuelve los imposibles. El Marqués confía en sus buenos amigos, entre los que, con justicia, le cuenta á usted, y así me lo dice. Para mantener las filas apretadas y reclutar soldados nuevos, no le duelan á usted larguezas del género consabido: aquí estoy yo para cuanto ocurra, y detrás de mí, lo que usted sabe, que puede y manda y no deja mal á sus amigos, por nada ni por nadie. Lo verá quien dude y le sirva, si, como otras veces, es preciso, por el bien del Estado, saltar por encima de ciertas consideraciones y respetos. En estas batallas no hay otro remedio que ser un poco duro de corazón con el enemigo tenaz. Dígame qué exigencias presentan esos auxiliares, para ir formando poco á poco el expediente, llamémosle así, que he de elevar á donde ha de ser despachado con las debidas recompensas y los necesarios escarmientos.

»Nos está haciendo mucho daño el diablejo de Asaduras. Háblele, óigale y cómprele, pida lo que pidiere. No habría necesidad de recurrir á estos extremos, que parecen un tanto reñidos con la sana moral, si ese amigo de usted y que tanto lo fué mío cuando yo no me había resuelto aún á sacrificar mi reposo y mi hacienda al bien de este país desventurado, que va hundiéndose en el abismo por las ruindades y atrevimientos injustificados de cuatro ambiciosos intrigantes; si ese amigo, repito, no llevara tan lejos su tesón y sus escrúpulos. Él se entenderá... y yo también le entiendo. Sí, amigo mío, le entiendo; y aunque me duela decírselo á usted, me consta, con nuevos datos, que no solamente es desafecto á las instituciones que todos veneramos, sino que también trabaja sordamente contra ellas y contra los que las apoyan, sin exceptuar á los amigos y compadres... Téngalo usted muy en cuenta, pues le interesa mucho; que á no interesarle tanto, no se detendría en estos enojosos pormenores un caballero como yo.

»Traigo entre manos el asunto del alcalde, única persona que no es nuestra en ese Ayuntamiento; mas para quitarle se necesita envolverle en una maraña cualquiera, que sirva de pretexto á la causa que se le forme. El secretario se ha comprometido á desempeñar satisfactoriamente ese ligero preliminar, con la insignificante condición de que se aprueben ciertas partidas de las cuentas municipales que aún andan por allá en tela de juicio. Cuento con la aprobación solicitada, y, por tanto, doy por destituido al alcalde, pues no cabe dudar de la destreza y buenas agallas del secretario. No se olvide que este alcalde es obra de don Pedro Mortera, que no tuvo reparo en librar una verdadera batalla contra usted, que guerreaba por Asaduras. Recuérdoselo á fin de que no se pare en cualquier escrúpulo de amistad que pudiera asaltarle la conciencia, cuando se resuelva, como lo deseo, á ayudar al secretario en sus propósitos. En la penuria en que se nos quiere poner, no debemos desperdiciar ni las migajas.