XX

EMOCIONES FUERTES

Á tiempo llegas, ¡vive Dios!—bramó el jurisconsulto, trémulo y erizado.

—¿Ya estás con la mosca, hombre?—respondió don Pedro, parándose junto al hueco de la puerta.—¿Dónde demonios la cogiste? ¿Por qué te pica ahora?

—¡Y tienes el candor de preguntármelo!

—¿Es decir que yo debo saberlo?