—Es de razón—contestó Nisco,—y para bien sea por muchos años. ¡Buen personal te llevas!... y de tu comenencia es, como en su día te dije.
—También se casa María.
—¿Tu hermana!
—Mi hermana.
—Con que... ¡tu hermana María!... ¿Y así, tan de porrazo?
—Tan de porrazo no, puesto que son amores viejos.
—¡Amores viejos!... ¡Naide lo diría! Y ¿con quién se casa, si se puede saber?
—Con un hijo de don Rodrigo Calderetas.
—¿El de la villa?
—El de la villa.