XXIV
DEUS EX MÁCHINA
Corrían, corrían los cuatro sujetos hacia casa de la bruja, y en un periquete llegaron allá. Sin detenerse á llamar á la puerta, abriéronla de un empellón, y vieron á la Rámila acurrucada junto al llar de la cocina, soplando unos carbones á los cuales estaba arrimado un pucherete cubierto con un casco de teja.
—¡Allí tiene el unto!—pensaron los cuatro al reparar en el puchero.
La vieja se volvió hacia ellos y se estremeció. Ni aun en son de paz entraba allí nadie que no le armara guerra. ¡Qué intenciones no llevarían aquellos hombres que atropellaban su casa en ademán airado!
—¡La gente se está matando!—dijo uno sin acercarse mucho á la Rámila, porque su miedo supersticioso podía más que el mal intento que le conducía.