—¿Qué gente?—preguntó la vieja temblando.
—La de Cumbrales.
—¿Ónde?
—En el Campo de la Iglesia.
—¿Por qué?
—Porque vinieron los de Rinconeda, acometieron, y se respondió como era debido.
—¿Y por qué no vais á separarlos?
—Allá estuvimos; pero no podemos.
—¡Muy en su punto traéis la ropa para haber hecho cosa mayor! ¿Y la Josticia?
—Panza arriba lo más de ella, y el alcalde en mucho apuro.