—¡Pronto, que pa luégo es tarde!
—¡Pero, hijo, si yo no puedo hacer lo que queréis!
—¡Por buenas ó por malas!
—¡Que soy una pobre mujer sin ventura, que nunca mal hice á naide!
—¡Echarla mano!
—¡Por los clavos de Jesús!...
—¡Llevémosla arrastrando, si por sus pies no va!
—¡Miráime de rodillas pidiéndovos misericordia!
Cuando decía esto la infeliz, ya tenía encima las manazas de dos hombres que tiraban de ella y se disponían á arrastrarla.
—No hay remedio—pensó entonces entre angustias mortales:—ó arrastrada aquí si me resisto, ó arrastrada allá si voy y aquello no se calma... ¡la muerte de todas maneras!