—No entiendo, señor don Juan...

—Pues esto quiere decir que hoy le prohibo á usted, como se lo prohibí en la ocasión que cita, traer á cuento el nombre de esa persona, si no es para honrarle como se merece.

—Pues á eso respondo hoy, señor don Juan de Prezanes, lo mismo que respondí entonces á usted por una observación idéntica y con razones que en aquella ocasión no tenía: que don Pedro Mortera corresponde muy mal á las ausencias que hace usted de él.

—¿Quién se lo ha dicho á usted?

—Nadie, porque lo he oído yo mismo.

—¿Á quién?... ¿en dónde?... ¿cuándo?

—Á don Pedro Mortera, en su casa, dos horas hace.

—¡Falso!

—Mentecato le llamó á usted, con todas sus letras, y por tan digno le reputó como á mí de ser encerrado en una jaula.

—¡Falso!... ¡falso!