—¡No es usté quién para mandar en este sitio!
—Para cerrarte la puerta á tí y á cuantos jedores como tú la quieran apestar, todas las casas de Cumbrales son mías. ¿Lo entiendes, cárabo? Pues vuélvete al monte, ó te escurro yo á guantás... ¡Y mira que á mí no me la dais con la pamema de lo del murio, como al simplón del tu vecino!
Con esto se volvió Juanguirle arriba, porque la mujer aquélla se largó hecha un veneno.
XXIX
LO DEL MURIO
Al grito de don Juan de Prezanes y al fragor de las ventanas hechas trizas, acudieron las criadas que estaban al otro extremo de la casa. Halláronle tendido en el suelo, juzgáronle asesinado, aturdiéronse; y sin otras averiguaciones, corrieron despavoridas á casa de don Pedro Mortera.