Y he aquí cómo viene á tener en sus manos la administración municipal y la de justicia, libre de toda responsabilidad.
Pero todavía tiene más.
El solemnizar un contrato de venta con un documento público, trae, según él, el compromiso y los derechos del registro; el registro una declaración oficial de la finca, y esta declaración la contribución subsiguiente. Es preferible un documento privado á lo más en un pliego del sello 9º extendido ante él, que, sin rúbricas ni garabatos, da tanta fe como el más guapo, y á mitad de precio que el escribano.
Y así se hace.
Por un procedimiento análogo recibe la última voluntad de sus convecinos in artículo mortis.
Se ve, pues, que también es depositario de la fe pública.
Es dueño del monte, porque el guarda es obra suya; y lo es también, en cierto modo, del médico, del maestro y hasta del párroco, por razones que iremos viendo.
Amén de otros recursos, que el lector deducirá fácilmente, tiene uno más, que puede considerarse como el mejor filón de su mina: un apoderado universal del ayuntamiento en la capital de la provincia. Este hombre es, por lo común, un bribón de siete suelas, capaz de pegársela al lucero del alba, concursado veinte veces y procesado criminalmente otras tantas.
Por último, tiene guardadas las espaldas por un señorón, que nunca falta en la ciudad, de ésos que en todo ven por disculpa la razón de Estado, y que á todo trance le ampara y sostiene, aunque le salten á las barbas rociadas del fango que no ha logrado tapar con su influencia omnipotente.