—Sé que Juan va mañana á ver á don Fulano; pero sé también que no le podrá servir, porque es negocio perdido. Aguántate sin apurarte hasta el día de la entrega, y entonces te recomendaré yo á cierta persona que en un momento arregla los imposibles.
Entre tanto, presenta Juan la carta al caballero de la ciudad, que no es otro que el apoderado de quien ya se hizo mención. Después de oir al mozo y de leer la credencial, se hace el pensativo, frunce las cejas, ráscase la barbilla, y dice, por último:
—Esto es muy grave... y muy caro. Cuando es cuestión de talla ó de exenciones físicas, con un par de duros para el tallador, ó media onza para el médico, estamos al cabo de la calle; pero estos señores del Consejo pican muy alto, amigo.
—Ya lo veo—observa tímidamente el mozo, ó su padre, ó quien lo represente;—pero quiere decirse que... vamos al decir, en el conceuto de que la cosa marche, probes semos, pero por una onza... ú dos...
Y el infeliz las hace sonar en la faltriquera para que no se dude de su palabra.
El agente oye el sonido como el tigre huele la presa, y se hace el desentendido; y después de meditar un rato, ó de fingir que medita, despide al recomendado citándole para dentro de una hora, tiempo que dice necesitar para tantear el terreno.
Cuando se vuelven á reunir, el agente está muy sofocado. Ha reñido con unos, ha tenido que empeñar grandes luchas con otros, y se ha visto muy mal para convencerlos á todos. El negocio es ya cuestión de dos onzas; pero á condición (y ésta la obtuvo el agente por un esfuerzo especialísimo que hizo en obsequio á una persona tan digna como el recomendante) de que si el mozo no se libra, se le devolverá el dinero.
¿Qué más celo, qué mayor desinterés puede exigirse á aquel protector?
Así pensando, afloja las dos peluconas el desdichado; y con la promesa de no hablar del asunto ni á su propia sombra, porque de descubrirse el ajo tanto sufriría el seductor como los seducidos, vuélvese Juan á su lugar lleno de risueñas esperanzas.
La misma escena se representa días después en casa del agente, cuando el secretario le presenta á Pedro para que haga algo por él en las pocas horas que faltan hasta la de la declaración de soldados.