—De esto mismo se han hecho un traje los niños de don Pedro de Tal y de don Antonio de Cual.—Y como, para desgracia nuestra, aquellos chicos, por ser hijos de pudientes notorios, daban el tono á las modas, por el retal se decidía nuestra madre, después de la indispensable porfía de media hora sobre el cuarto de más ó de menos en vara.

—¿Y cuánto necesita usted?

—Lo de costumbre... La costurera dice...

—No se fíe usted mucho de ella.

—Como es quien ha de hacer el vestido... ¿Cuánto cree usted que necesito?

—Pues tanto.

—Córtelo usted entonces... Pero aguarde usted... Necesito otra vara más para cuchillos y medias mangas el año que viene, ¡porque este chico crece tanto... y rompe!...

—Déjele usted lorzas.

—Siempre se las dejo; pero no le alcanzan ya las de las perneras cuando se las suelto, y tengo que añadirles una tira. Mire usted que este vestido que trae puesto, no tiene más que un año de uso.

—Aquí le compró usted, bien me acuerdo.