—Tengo que dar á ustedes una noticia que, me parece, les ha de ser agradable.
—Si lo es para ustedes, desde luego,—contesta el auditorio.
—Sí por cierto... Pues la noticia es... que se casa mi hija Mercedes.
—¡Que sea enhorabuena mil veces!—grita á doña Narcisa su amiga doña Circuncisión, estrujándole la mano y mirando con cierta languidez á sus dos hijas.
Éstas, al mismo tiempo, abrazan á Carolina, colmándola de plácemes y asediándola á preguntas.
—¡Pero qué callado se lo tenían ustedes!—dice doña Circuncisión.
—No hay tal cosa—replica doña Narcisa.—Crean ustedes que hasta hace tres días no se ha espontaneado ese señor.
—¿Y quién es él?... si se puede saber, se entiende.
—Claro está que sí... Pues un tal don Simeón Carúpano, sujeto muy recomendable, aunque poco conocido aquí.
—Efectivamente; yo no recuerdo... ¿Le conocéis vosotras, chicas?