—Lo mismo que yo entregaba á usted antes.
—Nunca lo negué, candonga; pero yo soy hombre de cuenta y razón, y para tan cortos caudales no necesito mayordomos; y como pago de lo mío, quiero pagar con mi mano, ¡calabaza!
El nuevo plan de estudios le transformó radicalmente. Continuó siendo en la cátedra una fiera, pero con bozal y sin uñas. Perdió así lo mejor de sus bríos, y se entibió su entusiasmo por la enseñanza. No la comprendía sin palos y sin sangre. Andaba triste y desperdigado; y como ya era viudo y sin hijos, se casó con la criada.
Le dieron una cencerrada espantosa: tres noches duró; y no duró más, porque habiéndole insultado groseramente los actores, los dispersó á tiros desde el balcón, en lo cual obró como un sabio y en justicia.
Murió el año de 1865, víctima del cólera que diezmó la población de Santander; y es de advertir que ni este espantoso azote pudo doblar aquel rígido carácter antes de romperle, puesto que don Bernabé fué á cátedra invadido ya por la enfermedad, salió á la hora reglamentaria, y sólo se metió en el lecho para rendir cristianamente el alma á Dios.
En resumen, lector: en mi sentir, las crueldades del dómine, aunque lamentables, é hijas, más que del corazón, del tiempo, de las costumbres y de las leyes que las toleraban y hasta las aplaudían, no hacen al íntegro y virtuosísimo personaje indigno de la estimación de las gentes hidalgas. Me complazco en declararlo así, en honra del hombre que más me ha hecho padecer en menos tiempo. Pero no me arrepiento de haber pintado á Filipo por los dos lados; pues si el vivir bajo el imperio de su barbarie me acongojaba entonces, hoy, que tengo hijos, me espanta el pensar que puede quedar todavía algo de ella en los centros de enseñanza...
Obra es, pues, de caridad sacar esa barbarie al rollo, para lección de incautos y castigo de verdugos.
1878.