—Sí; pero el mundo les conoce bien á ustedes, y no puede, en justicia, atribuirles ciertas miras... Yo, por mi parte, encuentro muy en su lugar la boda, pues que es del gusto de toda la familia, y especialmente de la novia; y la vuelvo á felicitar á usted con todo mi corazón.

—Y yo se lo agradezco á usted con el mío, porque sé lo mucho que ustedes nos aprecian.

—Ustedes se merecen eso y mucho más.

—Usted nos honra demasiado, doña Circuncisión.

—Les hago á ustedes justicia, doña Narcisa.

—Gracias, amiga mía.

Á la vez que las dos mamás en este diálogo, se han ido enredando en otro muy animado las tres polluelas, y separando poco á poco del sofá hasta formar grupo aparte.

—¿Sabes, Carolina, hablándote con franqueza, que yo no esperaba esta noticia?—dice muy bajito la mayor de las dos hermanas.

—Ni yo tampoco,—añade la pequeña.

Carolina mira hacia su mamá, y viéndola engolfada en conversación con la otra señora, se vuelve hacia sus amigas, y haciendo un graciosísimo gesto, en el que se revela su disgusto, les dice lacónicamente: