—Ni yo.
—Yo esperaba otra cosa.
—Y yo.
—Y yo también.
—César es un chico muy guapo, muy fino y de talento, según dicen. No tiene una gran fortuna; pero está bien acomodado, quería mucho á Mercedes... y Mercedes á él, si no me engañó cuando me lo dijo.
—No te engañó.
—Pues, hija, no comprendo lo que está pasando.
—Ni yo.
—Ni yo.
—Pues yo sí lo comprendo, vamos, ¿á qué te he de engañar? Apostaría una oreja á que á César se le despidió en cuanto se presentó ese hombre.