Y sigue el estrépito, y llena los ámbitos de la patria, y se conmueven los poetas de circunstancias y los periodistas de afición y hasta los filántropos de la usura; y allá van odas Al Manco de Lepanto, y sonetos Al Cautivo de Argel, y llega á verse el nombre de Cervantes en la popa de un falucho carbonero, y en el registro de una mina de turba, y en los membretes de una sociedad anónima, y hasta en la muestra de una zapatería; y hoy se celebra el aniversario de su muerte, y mañana el de su nacimiento, y al otro día el de su redención por los frailes trinitarios, y al otro, el de su casamiento; y aquí brota una Academia cervantina, y allí un Semanario cervantino y un Averiguador cervantesco; y en los unos y en los otros, y acá y allá, no se trata sino de Cervantes y sus obras; y Cervantes aparece en discursos, en gacetillas, en charadas, en rompe-cabezas y en acertijos.
Lo que era de temer, sucede al cabo: la fiebre se propaga, hácese peste asoladora, y no se libran de ella ni los que tienen el juicio más aplomado; caen hasta los cervantistas de buena casta, y caen sobre el Quijote y sobre la memoria de su autor, como antes cayera el servum pecus, y allí se están cual si hubieran jurado, en el paroxismo de su manía, gastar en la empresa hasta el último soplo de la vida; porque cada cual cree encontrar en aquellas páginas inmortales lo que más se acomoda á sus deseos y aficiones.
Imagínomelos yo como aquellos sabios resucitados de que nos habla Balmes, husmeando el amplísimo establecimiento, y tráenme á la memoria el caso de Mabillon despistojándose sobre un viejo pergamino para descubrir algún renglón medio borrado, cuando llega un naturalista y tira hacia sí del pergamino, para ver si halla en él huevos de polilla.
Merced á estas faenas sobrehumanas, sabemos hoy, por otros tantos señores cervantistas, cuyas plumas lo han afirmado en sendos escritos, á cual más serio y pespunteado, que de las obras de Cervantes resulta que fué éste sobresaliente
Teólogo,
Jurisperito,
Cocinero,
Marino,
Geógrafo,
Economista,
Médico,
Liberal (¡patriotero!)
Administrador militar (!!!!),
Protestante (¡¡¡!!!),
Viajero, etc., etc., etc.
Es decir, Cervantes omniscio, y sus obras la suma de los humanos conocimientos.
Pero ni con todo esto, ni con más de otro tanto por el estilo, que no hay para qué mentar, ni con el pintoresco catálogo de los cervantómanos que han contado las veces que dice sí don Quijote, ó Sancho vuesa merced, y otros admiradores de parecida ralea, hemos llegado al delirium tremens de la enfermedad; puesto que hay un español que ha dicho, y dice sin tregua ni descanso, porque sospecho yo que por eso y para eso alienta y ha nacido:
—Caballeros, nada de lo que el mundo ha leído en el Quijote es la obra de Cervantes.
Asombró el aserto, y preguntósele:
—Pues ¿qué otra cosa puede ser?