—Justamente, señora.
—¿Y decía usted que?...
—Que pensando marchar dentro de unos días, me he tomado la libertad de venir á despedirme de ustedes.
—Gracias, amiguito. ¿Y va usted solo?
—No, con papá.
—¿Para dejarle á usted en algún colegio?
Hacer á un pollo galanteador capaz de ser colegial, es el mayor insulto que se le puede dirigir. Alfredito se mordió los labios de coraje, y pasando la diestra por su bigote... futuro, contestó ahuecando la voz:
—No, señora, voy á viajar por gusto.
—¡Ah! ya. ¿Y adónde van ustedes?
—Pues, por ahora, á Torrelavega.