—¿Hola? ¿Por mucho tiempo?—repuso doña Tadea, disimulando la risa.
—Pues por lo que quiera papá.
—Se va usted á divertir.
—Así lo espero; tengo muy buenas noticias de ese país: dicen que la gente es muy animada.
—¡Yo lo creo!
—Sin duda que me voy á divertir.
—Bien hecho: deben aprovecharse todas las ocasiones de dar expansión al ánimo, aunque el de usted no debe estar muy combatido.
—¡Quién sabe!—exclamó Alfredo con dolorido acento.
—¡Será posible?
—¡Ay, señora! las pasiones no reconocen edad ni categoría.