—Sí, señor: he visto entrar á la doncella de don Pedro en casa del padre N... Cuando salga la he de preguntar.
Ignoraba el noticiero que el padre N... se había mudado á otra calle, y que vivía, á la sazón, una modista en la casa que él dejó.
Á poco rato salió la doncella con unos paquetes debajo del brazo, y se fué por el Muelle. El espía no lo notó por haberse enredado en una nueva acalorada controversia, sobre las causas de algunas epidemias como la que ya juzgaba apoderada de la población; pero, en su defecto, vió poco después atravesar al padre N... por la esquina de la Ribera y en dirección al barrio en que vivía don Pedro.
—Véalo usted—exclamó;—¡se realizaron mis sospechas!...
Y sin despedirse de su contrincante, fué á llevar la noticia á la Guantería.
Cuando á la una en punto volvieron del paseo don Crisanto y don Plácido, encontraron otra vez al corredor.
—¿Ha visto usted á don Pedro?—le preguntaron.
—¡Bueno estará el pobre señor para visto!—contestó.
—Pues ¿qué ha sucedido? ¿Está peor su hijo?
—Ya le han dado la unción.