—Tamién fué causelidad de pasar al mesmo tiempo la comotora.

—¿Á quién ha cogido?—preguntó el curioso don Plácido.

—¡Otra... ésta sí qué! ¿Pos no lo sabe usté, buen hombre? ¿Á quién tiene de ser? Al del globo.

—¿Y le mató?

—¡Ahora escampa! ¡No sé si le mataría pasando por encima el camino de hierro!

—¡Qué atrocidad!

—Y lo peor hubiera sido—continuó la cigarrera,—si no se apartan á tiempo las presonas que se agolparon allí... Ya le quiero un cuento... ¡pos no sé si hay carná!... ¡Más de veinte estuvieron á pique de perecer!

—Y diga usted, ¿se podrá ver el cadáver?

—¡Quiá! ¡que si quieres! Han dío allá los de polecía, y no dejan de pasar á naide... Está un poco más acá de la Peña del Cuervo.

—Pero si acaban de decirnos que el globo cayó en la canal.