Entre tanto, como su estómago no se nutría, como su razón, de teorías, sino de pan, y el pan costaba dinero, y él no lo tenía, sintió los amagos del hambre y trató de conjurarla.

—Mientras esto cambia—se dijo,—busquemos algún recurso.

Y salió á pedírsele á la patria, creyendo de buena fe que esta señora los tenía de sobra siempre para sus hijos virtuosos, inteligentes y necesitados, como la razón aconsejaba.

—¿Quién es usted?—le preguntó la patria por boca de uno de sus representantes (ministro, director, ó lo que ustedes quieran).

—Juan Portal,—respondió tímidamente el interpelado.

—Y ¿qué es lo que usted quiere?

—Pan—(léase destino).

—Y ¿quién le recomienda á usted?

—Mi necesidad, mi honradez y mi aptitud.

—Y ¿nadie más?