—¿Para qué sirve usted?—le preguntó un banquero.
—Para todo,—contestó Juan.
—¿Conoce usted alguno de los misterios de la máquina bursátil?
—No, señor; pero lo aprenderé.
—¡Bah! Yo necesito una persona que los conozca hoy, ahora mismo. No me conviene usted.
Y Juan siguió buscando.
—¿Sabría usted administrar mi hacienda?—le dijo un propietario.
—Sin duda alguna.
—Y ¿quién le garantiza á usted?
—Mi honradez, mi aptitud...