—Es que no le verá aunque inundemos el mundo de ejemplares.
—¿Por qué no?
—Porque no le conoce á usted.
—¡Dale! ¿Qué tiene que ver la obra con mi apellido?
—¡Friolera!... ¿Usted ignora que el público de España no compra un libro cuyo autor no sea conocido... ó extranjero?
—Ése es un cargo gravísimo que ofende al buen criterio de la sociedad moderna.
—Será lo que usted guste, pero es la verdad.
—El entusiasmo de la juventud...
—No hay tal entusiasmo: no hay más que curiosidad, y ésta sólo la despierta un nombre popular.
—¿Y cómo se populariza un nombre?