—Resueltísimo.

—¿Y de qué medios me valdré para publicarle?

—Ingrese usted antes, si le admiten, en la Sociedad de elogios mutuos.

—¡Oh! eso no lo haré jamás; y, por otra parte, yo necesito dinero hoy mismo para comer.

—¿De qué género es el libro de usted?

—Filosófico-social-económico...

—Basta, basta... No sirve.

—¿Qué pretendía usted?

—Si fuera una novela patibularia, incendiaria, frígida, parricida ó adulterina, poniéndole algunas láminas al cromo y portadas alegóricas á diez tintas, tal pudiera haber en ella de horrores, que se la compraran á usted, á pesar de su poco nombre.

—¿Cómo?